La única obra de video que Kounellis ha realizado: Su visión, en el pequeño itinerario de la exposición, tiene lugar más allá de una cortina negra, en una pequeña habitación creada dentro del espacio de la exposición para que los visitantes entren uno a la vez. Es solo que uno va a interrogar al oráculo. Desde un monitor, colocado más alto de lo habitual, aparece la máscara de Apolo en su inquebrantable inmovilidad. Kounellis la sostiene en su mano derecha, mientras que en su mano izquierda sostiene una lámpara de aceite encendida. Existe el tiempo medible del video, los 25 minutos de su duración física: el tiempo histórico en el que el artista se ofreció a la toma fija de la cámara. Finalmente, existe el tiempo perenne, el ciclo incorrupto de la antigua Divinidad que siempre ha presidido la manifestación de la luz y el arte, y del cual Kounellis es solo una de las infinitas epifanías.
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