Meia-Lua solía ser marinero, pero ahora se gana la vida de manera precaria dedicándose al contrabando. Es un hombre cínico, que no se preocupa por Ana ni por el hijo que tuvieron juntos. Vive con la hermosa Marlene, que baila en los bares. Gull pasa sus días acunando a una muñeca en sus brazos, y espera a su amor que surgirá de las profundidades del mar. El músico sordo Sparrow la vigila, en su amor desesperado y su antiguo deseo de convertirse en capitán de barco. Hay una disputa en los muelles, hay un crimen que podría ser solo un accidente, hay una mala conciencia que se vuelve amarga, hay un barco lleno de desdichados como una canción de cuna que se balancea, un bebé que pasa de brazos en brazos, un mendigo torpe que encuentra algún trabajo, un juzgado de vagabundos... De esta narrativa expresionista que tiene momentos cómicos inesperados, los censores del régimen de Salazar cortaron 20 minutos que nunca se volvieron a encontrar.
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