Christian Luka, un viejo viticultor, vive solo en la aldea de Redu Mare. Al enterarse de que se ha decidido demoler el viejo viñedo para plantar nuevas vides en su lugar, Christian pierde la ilusión y decide que es hora de que dé paso a los jóvenes. El presidente de la granja colectiva, entendiendo el estado de ánimo del anciano, preserva su viñedo. Y de nuevo el anciano poda la vid. El trabajo lo rejuvenece, lo llena de nueva vitalidad. Ya no rehúye a la gente, sino que toma un papel activo en sus vidas y asuntos. Se da cuenta de que una persona no debe vivir aislada de la gente, de que su inmortalidad radica en las buenas acciones que permanecen después de él.
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