En 1934 comenzó un experimento llevado a cabo por una pareja de científicos aficionados. Bautizado con el nombre de un género de mariposas, el Proyecto Automeris colocó a un grupo de niños pequeños en un bosque cerrado, dejándolos librados a su suerte. En sus visitas posteriores, la pareja presentaba películas caseras, acompañadas de música en vivo, que mostraban el mundo exterior. Para ellos, estas imágenes eran la réplica perfecta de la realidad que habían visto en sus expediciones. Sin embargo, las películas estaban cuidadosamente encuadradas, editadas y manipuladas para inducir una transformación y provocar el desarrollo de una nueva sociedad.
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