La actriz de cine Doria Dane (Edna Goodrich) abandona su carrera para ser musa del escultor George Steele (Herbert Evans). Con la ayuda de Doria, Steele supera sus excesos bohemios y se aleja de la influencia de la celosa pero adinerada señora Schuyler (Miriam Folger). Finalmente logra el éxito, pero también comienza a descuidar a Doria. Cuando lo descubre besando a la odiada señora Schuyler, Doria decide dejarlo. Pero cuando va a su estudio para dejarle una nota de despedida, descubre a otro escultor, Harry North, copiando una de las obras maestras de Steele. Más tarde, se presenta en el estudio de Steele frente a una multitud de personas y destroza la estatua en pedazos. Luego los lleva al estudio de North y explica que intercambió las dos estatuas, y revela a North como un fraude. En la base de la estatua real, ha dejado una carta de reconciliación para Steele.
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