Como joven misionero, Richard Wilhelm llegó a China en 1899, que entonces era explotada por las potencias coloniales. Allí vivió revueltas contra los extranjeros, el fin de las dinastías imperiales y la Primera Guerra Mundial. En estos tiempos de turbulentas convulsiones, se mostró incansable en la búsqueda de la verdad más profunda que ayudara a la gente a enfrentar el cambio y a dar forma a sus propias vidas. Richard Wilhelm no solo bautizó a chinos, sino que también llevó a cabo uno de los mayores servicios de traducción del siglo XX: los textos más importantes de Confucio, LAOTSE y el daoísmo, y especialmente el I CHING, EL LIBRO DE LOS CAMBIOS. El libro también sirvió de inspiración a muchos lectores en Occidente. Wilhelm sigue siendo uno de los más importantes mediadores de la cultura china en Europa.
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