Carolina Bianchi comparte el escenario con 16 hombres - actores, bailarines y músicos - seleccionados de una residencia en el Taller Cultural Oswald de Andrade en Bom Retiro, Sao Paulo. El espectáculo es un estudio arcaico de la pasión, un sacrificio de cuerpos que no niegan sus fluidos: sudor, saliva, sangre. Con una dramaturgia organizada en cuadros, Wolf puede considerarse una pintura en movimiento. Los intérpretes forman un coro de multitud en una existencia extrema, en una secuencia desbordada de acciones/imagenes: corren, caen al suelo, tienen sexo entre sí y recitan poemas de Emily Dickinson. El montaje circula en varios idiomas, articulando texto, danza, performance y teatro.
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