Para Johannes y Lydia Klare, su fe en Dios es lo primero. Juntos dirigen una pequeña comunidad en Stuttgart, con éxito. La gente les escucha, se van acercando cada vez más a ellos. Incluso hay planes para hacer que la comunidad financiada por donaciones sea mucho más grande gracias a las generosas contribuciones de Volker. Sin embargo, la pareja tiene puntos mucho más urgentes que atender. Cuando un día ven al chico sin hogar Simon vagando de un lado a otro en medio de crisis relacionadas con las drogas, lo acogen por un tiempo. Juntos quieren ayudarlo a volver al buen camino. Pero no son solo las drogas las que causan conflictos. La homosexualidad de Simon también presenta un gran desafío para los dos, ya que no es fácil reconciliarla con su fe.
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