Ziuta, polaca, judía y superviviente de la Segunda Guerra Mundial, fue una mujer extraordinaria que despertaba una devoción especial. Su compromiso político y participación en el apoyo a la lucha clandestina, más allá de ser una virtud, eran una parte directa y casi biológica de ella. Ziuta tenía la determinación, siendo solo una adolescente, de resistir el exilio con fortaleza, salvando a su madre y a otra familia de perecer en la huida. A pesar de los horrores y las dificultades, mantuvo una actitud agradecida hacia la vida. Estas características, y su particular sentido del humor, permeaban su historia, incluso en capítulos con temas dolorosos: la muerte de su padre, su locura; su intento de suicidio en el Mar Caspio y su decisión de venir a México, donde reconstruyó su vida y vivió con artistas, escritores, bailarines y cineastas en un momento de gran efervescencia cultural en el país, incluso participando como actriz en algunas películas.
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