En su trabajo, Monika Funke Stern opera en la intersección entre el cine experimental y el videoarte. Confía tanto en una variedad de técnicas y efectos fílmicos como en una poderosa dramaturgia de dispositivos fílmicos. Desarrolla su propia firma visual y un gran interés en sus temas, que a menudo juegan con elementos de ciencia ficción para desarrollar una visión crítica de la realidad. En su cómica Zum Glück gibt’s kein Patent, retrata a Norma DIN trabajando en la oficina de patentes, interpretada por Hella von Sinnen. La vida y el mundo laboral ordinarios de Norma están moldeados por la infinita falta de sentido de la abstracción neutral de las invenciones. La historia alcanza su clímax cuando a Norma se le presenta un robot destinado a reemplazar a empleados como ella algún día. Norma puede aplicar una serie completa de disposiciones políticas burocráticas y clasificar al robot como no merecedor de una patente.
