Un historia original que toma una situación mínima y la deja escalar hasta volverse un desastre. Algo que parece inofensivo sale mal y, a partir de ahí, todo empieza a desmoronarse. Juega con las percepciones, con las dramas que nos armamos en la cabeza y con cómo juzgamos a otros desde ahí, empujando todo al caos. El humor aparece sutil, bien colocado, casi incómodo, pero suma sin romper el tono. Zendaya y Robert Pattinson sostienen la tensión con actuaciones creíbles. Es una película que aprieta poco a poco y te deja pensando en lo fácil que todo se puede salir de control.