Usamos una cookie de primera parte para entender de dónde llegan quienes nos visitan y mejorar Cinalis. No vendemos tus datos. Puedes aceptar o rechazar; tu elección se respeta en toda la app.
Más allá de la fantasía, lo que más me pegó fue el mensaje: cómo los humanos, en nombre del progreso, muchas veces terminamos destruyendo todo lo que nos rodea. El bosque, los espíritus, los animales… todo se siente vivo, y por eso duele tanto ver cómo poco a poco lo van arrasando.
Me encariñé muchísimo con San y con Ashitaka.
Ashitaka tiene una calma y una humanidad muy bonita; es de esos protagonistas que solo quieren que las cosas encuentren equilibrio. Y San… su conexión con los lobos, con el bosque, con su identidad, me pareció increíblemente poderosa.
Y sí, admito que hubo momentos que me rompieron el corazón.
La muerte de Okkoto, el dios jabalí, fue devastadora. También todo lo que representa Moro, la madre lobo de San.
Y aunque entiendo que la película no plantea villanos simples… igual Lady Eboshi me desesperó muchísimo. Toda esa obsesión por destruir el bosque me daba coraje constante.
Pero justo eso es lo que hace a esta película tan especial: no es solo una historia de “buenos contra malos”. Es una historia sobre conflicto, naturaleza, poder y supervivencia.
Al final me quedé con esa sensación rara que dejan las grandes películas:
la de haber visto algo hermoso, triste y muy humano al mismo tiempo.