Anna es seguida allá donde va por un atacante pálido y siniestro con un cuchillo. No parece tener mucho miedo. Avanza fríamente a lo largo de su día, ignorándolo, ocupándose de sus asuntos. Su acosador parece amenazante, pero su manera de actuar sugiere que es solo un marginado social confundido, atrapado en una rutina obsesiva y repetitiva que gira en torno a Anna. Se vuelve claro que la línea entre atacante y víctima ha comenzado a desdibujarse y que los roles en esta relación ya no están claros. Anna ha comenzado a depender de la presencia de su acosador. Incluso le permite llevar sus compras. ¿Está el albino acechándola o vigilándola? Anna obtiene una orden de alejamiento contra su acosador, pero todavía se preocupa por él, acurrucado fuera de su hogar en una fría y ventosa noche. Ninguno de los dos parece capaz de interrumpir o poner fin a su extraña y cómoda relación codependiente.
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