»Preferiría ser la película mismo que solo el director«: con Klaus Lemke, los límites entre la vida y la pantalla son fluidos. Durante más de 50 años ha hecho películas con bajos presupuestos utilizando actores aficionados sin guión. Su cine es brutal e impulsivo, cada película un golpe en la cara para las producciones convencionales del mainstream. En Bad Boy Lemke, lleva proyectos inacabados a su fin y reflexiona sobre su obra – por supuesto à la Lemke: radical, confuso y poderoso.
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