Nacida durante el confinamiento, la película narra un éxodo, a través de un lenguaje exiliado como el armenio, y está compuesta por una sola toma de 38 segundos, repetida. La evolución de la imagen y el sonido se convierten en la narración de un cruce de frontera, de una frontera que los viajeros alcanzarán con dificultad y solos: un umbral más allá del cual no se sabe qué los recibirá: una metáfora de este momento histórico, sembrado de pérdidas y separaciones, e incertidumbres respecto al futuro cercano.
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