El titismo abusó del sistema escolar, así como de todas las instituciones de cultura y medios de comunicación para crear sujetos obedientes que no tienen su propia opinión sobre la realidad y que viven en un mundo ficticio de construcciones ideológicas. Los niños de las escuelas de ocho años se ven obligados a recitar de memoria los valores del llamado socialismo autogobernado como si fueran propios. Esta es la mejor manera de crear generaciones de conformistas que las llamadas élites puedan gobernar.
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