La película analiza los rituales titoístas (estalinistas) que se utilizaron para manipular la opinión pública y a las masas. En paralelo, la película muestra el monumento de Edvard Kardelj, el principal ideólogo orwelliano del titoísmo en el centro de Liubliana. Los trabajadores que rodean a Kardelj son seres sin rostros articulados. Kardelj tiene el único rostro humano. Todos se dirigen hacia el llamado futuro feliz. El monumento confirma de manera asombrosa y perversa que el llamado socialismo autogobernado produjo una masa de individuos impersonales y autoritarios en la multitud, a los que las llamadas élites comunistas gobiernan sin escrúpulos manipulando los sentimientos de las masas sobre un "futuro mejor".
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