La película está compuesta como una colección de imágenes autónomas que, una vez combinadas, forman el universo mental de van der Keuken: felicidad familiar, fragmentos de algunas de sus películas anteriores, un homenaje al saxofonista Ben Webster, dos poemas de los grandes poetas contemporáneos Remco Campert y Lucebert, un retrato del abuelo del director, que le enseñó fotografía a los doce años... "Una de esas pequeñas obras maestras que uno encuentra por sorpresa..." Jean-Paul Fargier, Cahiers du Cinéma, 1975
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