Mientras los doce golpes de la medianoche suenan lentamente en la noche y se apagan las luces en las ventanas del viejo Montmartre, un diablo nace en un charco de ron, tirado por algún borracho. Y para hacer su trabajo diabólico con conciencia, sin perder el tiempo. Un sótano está cerca. El diablo lo invita a su gala nocturna. Levanta el viento, remueve nubes de polvo, y en un ambiente de sabbat, los invitados acuden: muñecos arrugados con favores de fiesta, desechos y rechazos de todo tipo salen de los cubos de basura y se apresuran hacia el espectáculo prometido. La orquesta – jazz – está encabezada por un viejo acordeonista…
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