Esta es una clásica animación de Jordan, principalmente en blanco y negro, con toques de color. De hecho, el trabajo de arte grabado se filmó en negativo de color, para que se registren las sutiles variaciones de tono. El estado de ánimo -realzado por la música original de John Davis- es soñador. Es a la vez lírico y electrizante, produciendo una especie de tensión anticipatoria. Las escenas, a la manera habitual de Jordan, siguen el principio surrealista de colocar objetos y personas donde no deberían estar, y realizar movimientos que en el mundo despierto son imposibles. Cada escena es una especie de drama de otro mundo.
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