Detrás del púlpito de la iglesia gótica, los oradores se turnan. Mil nombres están escritos en las páginas que crujen: esa es la cantidad de personas que se suicidaron en la ciudad de Demmin en la primavera de 1945. Durante décadas, su destino fue un tema tabú en Alemania. Ochenta años después del final de la guerra, el clásico cinematográfico Hans-Jürgen Sieberberg da voz a sus nombres y, con la ayuda de Mozart y Brahms, interpreta un réquiem para ellos, creando un espacio de recuerdo y solidaridad cultural transfronteriza.
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