"Cráneo y Mirada Solitaria" funciona como una cristalización de una experiencia traumática mayor que viví en 2024. Los detalles se concretarán de manera críptica dentro de la propia obra, pero considero obligatorio decir que esta es, sin duda, mi película más dolorosa hasta el momento. En ese sentido, declaro que el "Cine Personal" (lo mismo se aplica a la poesía) no es un producto cómodamente digerible y agradable, que se encuentra encarcelado de manera engañosa en el cenagal ensordecedor de la rechazabilidad perfeccionista y las dinámicas abyectas del consumo mudo, como es tan común en la actualidad. Más bien, es abrazar apasionadamente los horrores rizomáticos y, dentro de ellos, la belleza abismal inscrita en la "no colapsabilidad" inherente al ser, porque tales películas funcionan como testimonios genuinos e incomensurables de nosotros mismos y de la trama espiritual de nuestra vasta y tumultuosa experiencia.
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