Mischa, un chico mudo, emprende un viaje surrealista junto con su padre y dos hombres. Su medio de transporte es una antigua locomotora soviética, cargada con carbón robado. Los viajeros pretenden vender el botín en su camino a través de las estepas sin fronteras de la Rusia interior. Como paralelo a la trama principal, secuencias de un misterioso circo ambulante siguen reapareciendo de una manera muy sugestiva. Muchos de los extraños artistas del circo son personas que los cuatro protagonistas encuentran en la naturaleza a lo largo de la vía férrea cubierta de maleza. A lo largo de la película, hay una sensación de magia mezclada con un realismo puro, enfatizada por la infraestructura comunista crujiente y un sentido del humor retorcido. El límite entre la realidad y la fantasía es muy sutil aquí. El ferrocarril es una historia sobre fuertes lazos familiares, pero también una ambiciosa interpretación del choque entre la Rusia de antaño y la nueva. Podría llamarse el renacimiento de un género olvidado hace mucho tiempo: la historia de maravillas rusa.
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