No es necesario presentar a Toscan de Plantier, el famoso productor de cine francés. Desde el instante de su muerte, surgió la idea de retener, centrarse en y capturar la chispa que acababa de desaparecer. Esto se haría reconstruyendo, a través de varias centenares de entrevistas a lo largo de casi treinta años, el rompecabezas de este pensador que, bajo su apariencia de jugador flamboyante que celebraba el arte y la vida como una fiesta, era extraordinariamente fiel a sí mismo, y que provenía de una auténtica formación cultural con la que irrigaba el campo de acción del cine. Su energía, entusiasmo y convicción implacable deberían emocionar, conmover, iluminar, sorprender y proporcionar alimento para el pensamiento, mucho más allá del contexto profesional que fue el suyo, en una época que lo necesita con urgencia.
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