Esta segunda entrega se mantiene fiel a la esencia de la primera y entrega lo que uno espera de una secuela. Anne Hathaway toma el control como Andy y la historia gira claramente alrededor de ella. Meryl Streep muestra a una Miranda más suave con el tiempo, algo lógico, aunque por momentos pierde coherencia con su perfil. El diseño de vestuario y las locaciones destacan y elevan la experiencia. Hay personajes y situaciones que no aportan demasiado, pero tampoco estorban. El arco de Emily Blunt (Emily) se siente algo inconcluso, mientras que Stanley Tucci (Nigel) termina de consolidarse como esa figura protectora y cercana para Andy. Las actuaciones de los cuatro protagonistas sostienen todo con solidez. Funciona, gusta, pero solo el tiempo dirá si alcanza el peso que tuvo la original en la cultura pop.