Amé Fleabag de principio a fin. Tiene un humor oscuro, rarísimo y muy particular, y justamente por eso se siente tan única y creativa.
Fleabag, interpretada por Phoebe Waller-Bridge, es de esos personajes que en un mismo episodio puede hacer que la ames y que la odies genuinamente. Además, el recurso de romper la cuarta pared me encantó. No se siente como un truco, sino como una manera de meterte directamente en su cabeza y hacerte cómplice de todo lo que piensa, siente y hace.
Todos los personajes están increíblemente bien escritos y desarrollados, incluso cuando son incómodos, frustrantes o difíciles de querer.
Y la relación entre Fleabag y The Priest, interpretado por Andrew Scott, tiene para mí una de las mejores químicas que he visto en pantalla. Hay tensión, humor, ternura y dolor en cada interacción.
Es una serie que te hace reír, te hace sentir incómodo, te hace sentir raro y después te rompe el corazón. Y supieron cerrarla exactamente cuando tenían que hacerlo, sin alargarla innecesariamente.
Se convirtió fácilmente en una de mis series favoritas.
2 oct