
Toma una premisa que ya hemos visto muchas veces y nunca logra hacer algo interesante con ella. La historia es simple, genérica y extremadamente predecible. Las actuaciones son básicas y cuesta conectar con cualquiera de los personajes, así que la película nunca termina de construir tensión real. Además, deja muchas preguntas abiertas sin responderlas, y eso termina haciendo que todo se sienta aún más vacío.

Es una de esas películas que se sienten como una sopita caliente. Una historia humana, cercana y emocional que termina abrazándote más de lo que esperas. La película parece ir hacia una dirección, pero poco a poco revela que la verdadera historia es otra, y ahí es donde el protagonista encuentra su arco. Lo interesante es que aborda una realidad que sí existe dentro de la sociedad japonesa, tomando esta idea tan particular de “alquilar” vínculos humanos y explorándola desde un lugar muy íntimo y humano. Además, hace un gran trabajo metiéndote en la vida cotidiana de Japón; sus ciudades, espacios y ritmo diario se vuelven parte importante de la experiencia. Visualmente es muy linda, con una fotografía y escenarios que se disfrutan muchísimo. Las actuaciones se sienten honestas y convincentes, y eso hace que conectes aún más con los personajes.